Situación del TDAH en atención primaria


SITUACIÓN DEL TDAH EN ATENCIÓN PRIMARIA

     En los últimos años se está produciendo en España una
importante divulgación del TDAH, pero la realidad es que la atención
de este trastorno no se realiza de forma adecuada y está
dispersa entre diversas disciplinas médicas. En general los pediatras
y médicos de atención primaria (AP) desean ayudar, tratar
y seguir a estos niños pero muchos de ellos se sienten inseguros
debido a varias causas:
• Inadecuada preparación clínica para hacer el diagnóstico,
diagnóstico diferencial, así como la prescripción de tratamientos
e intervenciones educativas
• Falta de una adecuada herramienta validada para AP: los
cuestionarios que hay están validados en ambientes psiquiátricos,
la decisión de si la conducta es normal o anormal está
basada en la respuesta de informantes y el juicio clínico se
basa en la información y subjetividad de los observadores.
• Alta comorbilidad del cuadro.
• Efectos secundarios del tratamiento.
• Falta de tiempo. La evaluación y tratamiento de estos cuadros
puede tener un importante impacto en la carga de trabajo
de los profesionales.
• Falta de apoyo de los especialistas. Muchas veces el pediatra
de AP no cuenta con la colaboración de los especialistas
y no tiene o no sabe dónde enviar al paciente.
• Actitudes de algunos profesionales que piensan que el control
clínico de estos niños es sólo responsabilidad exclusiva
del especialista.
• Problemas que pueden surgir durante el tratamiento: rechazo
de los padres y profesionales a aceptar el diagnóstico,
miedo a la medicación por parte de padres, hijos y profesionales,
falta de colaboración de la familia y de los colegios
(apoyo enseñanza, toma medicación, aislamiento para que
no molesten).
No obstante, debemos tener presente que el pediatra de AP
atiende al niño durante un amplio período de tiempo, desde el
nacimiento hasta los 14-15 años, y es el encargado de asegurar
su salud física, psicológica, emocional y social. Dada la alta
prevalencia, las graves consecuencias para la educación, el desarrollo
e integración social del niño, así como sus implicaciones
para la vida adulta, hacen necesaria una adecuada preparación
del pediatra de AP y la puesta en marcha de programas de captación
y actuación coordinada de los equipos de AP con centros
educativos y diferentes profesionales. En algunas comunidades
se está trabajando para incluir este trastorno en la cartera
de servicios de la administración. En la tabla VII podemos ver
las actividades que el pediatra/médico de AP puede realizar
según su situación, medios de que disponga, formación y complejidad
del caso.
Detección precoz
Existen evidencias en nuestro medio de que muchos niños
que cumplen los criterios del trastorno permanecen sin detectar.
Estos niños tienen un alto riesgo para el desarrollo de sus cerebros
durante un periodo crítico, además de los problemas comórbidos
que empeoran el pronóstico. Según algunos estudios, sólo
el 2-3% de los niños en edad escolar están siendo adecuadamente
diagnosticados y tratados. Es necesario estar alerta ante
determinadas situaciones:
1. En los controles periódicos de salud del niño y adolescente
se realizará una historia clínica detallada, exploración completa
incluyendo visión, audición, examen psicológico y observación
del niño en diferentes ambientes. Es importante preguntar
a los padres y también al propio niño cómo le va en el colegio,
si va contento, si hay problemas de aprendizaje, cómo es
su comportamiento en el colegio, en casa y con los amigos, y
si tiene problemas para acabar las tareas escolares.
2. Padres que vienen angustiados por niños impulsivos que
molestan a los compañeros, se pelean, tienen actitud de oposición,
o trastornos de la conducta.
3. Mal rendimiento escolar, dificultades académicas, repetición
de cursos, se despista, dificultad para concentrarse.
4. Niños con etiquetas “podría hacer más si quisiera” Cuando
un niño no hace más de lo que puede hay qué investigar
que esta pasando.
5. Niños y adolescentes rebotados de múltiples gabinetes psicopedagógicos.
6. Adolescentes problemáticos y con conductas de riesgo:
consumo de drogas, riesgo sexual, accidentes, problemas
de conducta, robos.

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